catastroficatarsis

Ocurrencias y vivencias de una introvertida en sus veintipico.

Bitácora cubana. 16 de febrero 2017. Matanzas – La Habana. Último día! mayo 4, 2018

Filed under: Uncategorized — catastroficatarsis @ 2:17 am

Después de tremendo desayuno (como ya es costumbre) en Matanzas y conversar un poco con la señora de la casa, tuvimos que partir para La Habana. Ella es trabajadora social jubilada y su sobrina, médica, y nos estuvieron contando de cómo funcionan las cosas allí y es ejemplar.
En el camino hay unos paisajes alucinantes y paramos en un mirador que nos encontramos de sorpresa a la salida de la provincia de Matanzas.
Después de perdernos en los accesos a La Habana que no estaban bien señalizados y tampoco sin saber cómo terminamos en una rotonda por la que nunca habíamos pasado al ir a Santa María del Mar…por esa misma ruta, una señora nos ayudó a salir del enredo. Realmente hay que aplaudir la buena disposición de los locales, en todos los lugares que fuimos.
De allí logramos dar con el túnel subfluvial y entrar a La Habana por la Avenida del Malecón hasta llegar a nuestra casa en La Habana Vieja. Descansamos un rato mientras esperamos para devolver el auto y salimos como locos para el mercado de artesanos, y volvimos a jugar al tetris de valija y aprontarnos para nuestra última noche en la isla.
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Retomo la escritura pasada la medianoche y con unos cuantos cuba libres arriba. A eso de las 8 pm salimos a bolichear. El plan era bien clásico, ir por unos tragos en La Bodeguita y luego ir a comer a La Vitrola, que era el lugar que más nos gustaba. Pero, apenas salimos, de lejos escuché su voz, la voz de la cantante que me voló la cabeza la primer noche y no había vuelto a encontrar. Así que La Bodeguita quedó para la segunda etapa. Yo estaba en un estado como si estuviese viendo a los Stones porque posta, que la voz de Juni Goris, te pone los pelos de punta. -Aclaro que hoy si, no me compré un disco, me llevo los dos-.
Cuando ellos se fueron a su pausa, ahí si, nos fuimos a la bodeguita esquivando promotores de restaurantes hasta que llegamos. Mas musica, mas ron, mi padre con ideas de que me llevara un vaso, pero no lo hice, bailar en la calle, allí y en otro restaurante de la Plaza Vieja, donde toca la banda de Roberto Faz.
Finalmente volvimos a cenar a La Vitrola, todo para seguir escuchando a Caracol de La Habana y que de sorpresa un pibe pasara y me robara un boniato frito y yo le gritara “Joey doesn’t share food”. Se rió, entendió el chiste. Y el broche de oro, encontrar en el fondo de mi vaso de mi útimo cuba libre, un corazón. Pensándolo ahora, debe ser el pedazo del mío que quedó por allá.

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