catastroficatarsis

Ocurrencias y vivencias de una introvertida en sus veintipico.

Bitácora cubana. Día 1. Montevideo-La Habana. 1 de febrero 2017. marzo 10, 2017

Filed under: Uncategorized — catastroficatarsis @ 9:31 pm

Nota 1: Estamos haciendo escala en Panamá. La moneda de aquí se llama Balboa. No puedo creer que nadie le diga Rocky.
Nota 2: Los uruguayos son estúpidos: siguen aplaudiendo cuando aterriza el avión.
Nota 3: Somos subdesarrollados y no hay con qué darle. Nos amontonamos para subir al avión, trancamos el embarque, la mayoría lleva de todo arriba.

Es casi medianoche y bajamos en La Habana, al fin, y el equipaje demora 1 hora y pico en aparecer. La tranquilidad era que no aparecía ninguna valija, así que lo más probable era que fuera una demora nada más (lo fue). Mientras, aparecían unos bultos bastante grandes y peculiares, como huevos de bolsa chismosa envueltos en papel film.
Cuando se soluciona el tema valijas salimos, mientras esperamos para cambiar dinero, papá agarra viaje con uno que ofrece taxis, no sabemos si de contrabando o no. Rosario, la pareja de mi padre, y yo, desaprobamos un poco. Y si, como reflexionaba con una de mis amigas hace unos días, somos uruguayos y vamos por el mundo pensando que siempre nos van a cagar, básicamente porque es lo que hace el uruguayo promedio (no que te robe ni nada grave, pero si que te saque ventaja de lo que pueda).
Nos vamos con el “Johnny” y el gps en el celu de Rosario. Todo bárbaro hasta que el tipito sale de la avenida y se mete en una calle súper oscura y yo pensé que era nuestro fin. De nuevo, soy uruguaya, perdón.
A las 2 y media de la mañana llegamos a lo de Ariel, nuestro anfitrión, super hospitalario, mañana nos viene a hacer el desayuno y orientarnos un poco para ver a dónde podemos ir.
Nota última del día: estoy en mi cuarto escribiendo el periplo de hoy y me doy cuenta que no hay uno, sino cuatro payasos de porcelana mirando hacia mi cama. Decí que hace 24 horas que estoy despierta y voy a dormir igual…hoy.
Nota PD: en Panamá, mientras esperábamos para embarcar, aparece un tipito con pinta de loquito. Se sienta al lado nuestro y nos ofrece comida. De nuevo, desconfío. Parece que era libanés. Le quise hablar del tema y contarle que soy descendiente de libaneses. No entendió un sorete. Se fue. Chan del día.

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